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¿Dos meses? Este es, a grandes rasgos, el tiempo del que dispongo para aprender a defenderme en árabe. En dariya, más concretamente. Evidentemente hablo en términos eufemísticos, en ocho semanas no seré capaz ni de chapurrear mi nombre. Hace quince días, sin saber muy bien cómo ni porqué, en mi trabajo decidieron y me comunicaron que a principios de 2014 me mandan a Marruecos. Sin apelación posible. Y se supone que es un premio (que sí, lo es, muchas gracias, mano que me das de comer…).

La gente que me conoce bien sabe de mi devoción por Laurence Johnston Peter y su principio más ocurrente, el que lleva su nombre. Para aquellos que no estén familiarizados con el concepto, según el principio de Peter, las personas evolucionamos dentro de una organización hasta alcanzar el grado máximo de incompetencia. Si alguien sigue sin entenderlo que analice mi situación a finales de enero: lo captará ipso facto.

Como no tengo abuela, diré que no hago mal mi trabajo, que me defiendo bien en inglés y francés, y medianamente en alemán. He tonteado un par de veces con el italiano y hace tres años interioricé bien un curso de polaco de supervivencia. Dicho en otras palabras: mi conocimiento de la cultura árabe es inexistente (por no decir ya de la berber). El razonamiento deductivo me invita a pensar que mis aptitudes se aprovecharían mejor en otro contexto. Sin embargo, asumiendo que el sentido común es el menos común de todos los sentidos, voy a dejar de quejarme y voy a aceptar el reto. Eso, y que no quiero pasar a engordar el 26% de españoles en paro con 55 kgs de más.

Así que me toca plantearme seriamente la nada desdeñable empresa de aprender árabe en dos meses gracias a estos consejos prácticos. Hace dos semanas ni siquiera había caído en que existen distintas variantes de ese idioma, que se extiende desde Marruecos a Omán; ni sabía qué es, exactamente, lo que utilizan en las Naciones Unidas cuando dicen tener el العربية como lengua de trabajo. Bueno, me había leído La mirada, un viaje al corazón marroquí porque el e-book es gratis y su autor me cae majete, pero ¡ni siquiera he tenido tiempo de hojear El tiempo entre costuras!

Empiezo desde cero. Dos compañeras en la aventura me han aconsejado que, de momento, me centre en el alfabeto. Y yo me paro a pensar cuál fue la última vez que tuve que enfrentarme a un nuevo proyecto sin tener absolutamente ningún punto de apoyo, ninguna referencia… y me quedo en blanco.

Salam aleikum. Y que la fuerza me acompañe.

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