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Recientemente, desde que ser cocinero se ha convertido en un oficio reconocido y la comida en un tema fashion digno de Instagram, en entornos gastronómicos de diverso nivel ha aparecido la moda de llamar a las setas boletus. Y ahora podemos comernos una ración de croquetas de boletus en la mayoría de los bares de la geografía española. Si nos ponemos rigurosos, los boletus son, según los micólogos entendidos, un género de hongos que incluye más de 100 especies. Este género fue definido y descrito originalmente por Elias Magnus Fries hace más de 200 años, para denominar a todos aquellos hongos con un himenio con poros. Sin embargo, la tendencia actual indica que el término “ha sido metonimizado”, y ahora define a lo que se conoce por buixó o cep en catalán, igual que en Francia, donde lo llaman cèpe de Bordeaux, ontozuri en el País Vasco, y madeirudo o cogordo en Galicia. En español “de a pie”, la gente conocía a esas setas por hongo blanco, viriato o seta de calabaza, aunque esto solo en la península. En México se les llama panza, por su característica forma, aunque también se ha recogido la denominación rodellón. En Italia los boletus son fungo porcino, y en inglés penny bun, porcino, king bolete o cep. La denominación germanófona también varía según nos encontremos en Alemania, donde le llaman Steinpilz (seta de piedra) o en Austria, donde se convierte en Herrenpilz (seta de caballero). En los Países Bajos el nombre se alarga hasta eekhoorntjesbrood (pan de ardilla) y en Polonia prawdziwek (algo así como la seta auténtica). Y no continuamos, porque La historia interminable ya la escribió Michael Ende. Esta seta es, para la mayoría de los países de Europa, el hongo por excelencia, y de ahí se podría entender que haya tomado la denominación genérica boletus, que viene del latín boletus edulis, aunque el diccionario de la RAE no lo contemple (aunque sí que contemple otros nombres de setas, como el nízcalo o el champiñón). De hecho, en catalán a las setas se les llama bolets, lo cual también demuestra la preponderancia de este género. Aunque en francés pasa lo mismo con el champignon, el genérico galo para denominar a las setas. Y eso solo para los boletus de la foto. Cuando tratamos de traducir los nombres populares de las setas, la diversidad de versiones y localismos es impresionante. Podríamos estar hablando de hongos durante todo el otoño. No sorprende que fuera uno de los temas favoritos de cierta profesora de la Facultad de Traducción de la UAB (y consecuente pesadilla de sus estudiantes). Por algo será que, después de tantos años, aún lo recordamos… 😉

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