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La semana pasada comenzamos a hablar de un tema que, de pronto, se nos hizo demasiado grande para un solo artículo: la evolución del latín.

Como además es un tema algo denso, decidimos dividir los contenidos en dos partes. Hoy, entonces, seguimos latineando 😉

 

Del latín clásico al latín vulgar

Desde su origen hasta el siglo II A.C., el latín que se hablaba se conoce con el nombre de arcaico (antiguo). Una pequeña pieza de orfebrería, la llamada “Fibula de Preneste” tiene grabado alrededor un texto escrito en este primer latín y, la curiosidad, este texto se escribió y se lee de derecha a izquierda.

En los siguientes cuatro siglos  – del II antes de Cristo al II después de Cristo – el latín arcaico fue evolucionando y dio lugar al latín clásico, una lengua que todos conocemos más o menos bien de nuestro paso por el instituto. Los textos de Cicerón o Julio César y los poemas de Ovidio o Virgilio serían excelentes ejemplos del vocabulario y la gramática de este latín más evolucionado.

Pero como sucede en todos los idiomas, la clase social más culta hablaba una lengua y las personitas de a pie se entendían en otra. Surgía así el llamado latín vulgar, una lengua con una fonética, sintáctica, gramática y vocabulario bastante diferentes de los propios del latín clásico.

Carniceros, pescaderos, amas de casa, artesanos y soldados hablaban latín vulgar y fueron precisamente estos últimos, los soldados, los que expandieron esta lengua por todos los territorios ocupados por los ejércitos romanos.

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Del latín vulgar al latín medieval.

Como quizás recordarás, en el siglo IV asistimos a la caída del todo poderoso Imperio Romano.

El latín vulgar ya no tenía emisarios que mantuvieran intactas sus normas gramaticales y su vocabulario y, lógicamente, fueron los nuevos hablantes del latín los que comenzaron a amoldarlo a sus necesidades diarias. En este momento entra en el juego la corriente religiosa que más influirá en la historia europea: el cristianismo. Los cristianos pronto modificaron el latín introduciendo palabras de origen griego, latinizando ciertos términos e, incluso, inventando palabras nuevas.

 

Y del latín a las nuevas lenguas.

Según los lingüistas, el latín vulgar tan extendido en los diferentes territorios invadidos por Roma se fue mezclando con la lengua original de cada país o región dando lugar a los actuales idiomas de raíz latina que conocemos hoy en día: español, francés, italiano, portugués, rumano…

Y es que, al final y en este caso, el pueblo sí decidió algo: el idioma en el que nos comunicaríamos millones de personas del futuro. No está mal ¿verdad?

 

¿Qué tal se te daba el latín en el instituto? ¿Recuerdas alguna palabra?

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