¿Cómo ponerse en la piel de un médico para traducir?

Si algo tienen medicina y traducción en común es el alto grado de responsabilidad que conlleva el trabajo que realizan sus profesionales. De diferente modo, pero ambas son profesiones altruistas. Mientras unos velan por nuestra salud, algo fundamental en nuestra vida, los otros se encargan de la comunicación, un bien escaso y bastante descuidado hoy en día. Pero ¿qué sucede cuando ambas ciencias coinciden? Estaríamos hablando de traducción médica. En este artículo hablaremos sobre todo lo que un traductor debe tener en cuenta al realizar la traducción de un texto médico.

No subestimes el trabajo de la traducción médica. ¡Cada detalle cuenta! ¡Tuitéalo!

En principio, un texto médico, igual que cualquier otro texto que se deba traducir, tiene que ser leído y releído hasta ser entendido por completo. Aquí empieza el apasionante trabajo del traductor, lleno de retos y responsabilidades.

Como en todas las disciplinas, en la medicina existen diferentes ramas –pediatría, cardilogía, traumatología, etc.- y lo primero que hay que hacer es documentarse bien. También pueden cruzarse en nuestro camino una gran variedad de textos médicos: informes médicos, las instrucciones de uso de un medicamento o los resultados de unos análisis clínicos, por citar solo unos cuantos ejemplos. Independientemente de la rama de la medicina de la que trate el texto y del tipo de documento que sea, el registro deberá ser siempre formal.

A menudo se subestiman la traducción médica en particular, y la científica en general, con falsas leyendas urbanas que aseguran que apenas varía el vocabulario de un idioma a otro o que casi no hace falta traducción para entender textos médicos en otros idiomas. ¿Y qué sucede con los matices o los detalles –preposiciones, por ejemplo- que pueden hacer variar el sentido de un texto? En todo tipo de textos son importantes, pero en textos de carácter médico, pueden marcar la diferencia. Solo el traductor sabrá tomar la decisión correcta y velar por la calidad y la claridad del mensaje.

El vocabulario es otro aspecto que debe cuidarse. A menudo podemos encontrarnos traduciendo un texto sobre alguna parte del cuerpo humano que no sabíamos ni que existía o sobre un mecanismo del mismo que no conocemos. En este caso hay que recurrir a lo que en la época preinternet llamábamos textos paralelos, que hoy en día podemos encontrar fácilmente y buscando con buen criterio en la red. También debemos averiguar qué hay detrás de palabras provenientes de las llamadas lenguas muertas, tal y como explicamos en un artículo anterior o estar alerta con los falsos amigos, como el archiconocido constipation del inglés.

El caso de las unidades de medida toma especial relevancia en la traducción médica, aquí la exactitud juega un papel determinante. La diferencia entre uno o dos mililitros puede ser crucial en los resultados de unos análisis clínicos o de un proyecto de investigación.

Como siempre, contar con la colaboración de un profesional, en este caso de la medicina, nos asegurará un buen trabajo y evitará que el texto tenga algún disparate digno de Google traductor. ¡Dios nos libre!

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