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Dentro de la serie dedicada a las otras cualidades del traductor hoy es el turno de la imparcialidad, muy relacionada con la empatía, tema del artículo anterior. No existe una línea clara entre una y otra, ya que necesariamente para ser objetivo necesitas una dosis de empatía y para ponerte realmente en situación ajena es imprescindible ser imparcial. Nuestra responsabilidad como traductores nos obliga a no alterar el texto en ningún sentido y la imparcialidad es una buena aliada en este propósito. Para ilustrar el caso imaginemos la hipotética situación en que un traductor vegano y antitaurino deba traducir que «el torero X hizo una gran faena al matar dos toros en una tarde». Aquél, sin duda, deberá tragarse su ego y buscar la traducción más fiel al texto original, que transmita el mismo entusiasmo y no altere su significado. Así, el aficionado taurino inglés, ruso o islandés podrá compartir la misma euforia de quien escribió el texto inicialmente en español. La buena noticia es que no siempre nos encontraremos con situaciones tan extremas. [Sharer] ¿Y cómo se logra ser imparcial? No somos máquinas, afortunadamente, pero tenemos muchos otros recursos. En este caso no hacen falta muchas filigranas, todo es mucho más sencillo. Así pues, adaptando una de las frases más célebres de Mahatma Gandhi podríamos decir: «En traducción no existe camino a la imparcialidad, la imparcialidad es el camino». Seguramente durante el camino nos encontraremos en una especie de apasionante bipolaridad: por un lado, deberemos mantener nuestra cabeza fría como el abrazo de una suegra y, por el otro, nos centraremos en plasmar la intención del autor del texto que tenemos la responsabilidad de traducir, teniendo muy claro que no debemos alterarlo de ninguna manera. Nivel de dificultad: bajo.

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