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Hablar un idioma no es cuestión de cambiar unas palabras por sus equivalentes en otra lengua o pasar un examen para obtener un certificado que nos permita tener más opciones en el mercado laboral. Expresarnos en francés, en italiano o en inglés es también entender una cultura y dedicar horas de estudio activo y pasivo aprender cada día. Si quieres hacer negocios con otros países, si estás desempleado, o si simplemente te gusta un guiri, puede ser un buen momento para mejorar ese inglés del instituto o bien para abrir nuevos horizontes. Si ya te lo has propuesto y no sabes por dónde empezar, toma nota de nuestro decálogo para no fallar en el aprendizaje. 1. Interés: Estudiar un idioma no es cuestión de memorizar por memorizar, pasar un examen y listo. Concéntrate en el que te guste o que creas que puede aportarte más a nivel laboral, pero hazlo con convicción. La peor forma de comenzar con un idioma es hacerlo a regañadientes, puedes acabar abandonando. 2. Busca los recursos: En internet, en una academia, con un profesor particular (cerciórate previamente de que está bien cualificado) o mediante un intercambio lingüístico… Valora aquella forma que más se adecue a tus necesidades de aprendizaje y de presupuesto. 2. Todo es posible: Gramáticas como la alemana o fonéticas como la francesa pueden parecernos…Imposibles. No te rindas a la primera de cambio y persevera. 4. Cuestión de práctica: Intenta incorporar todo aquello que vayas aprendiendo a la hora de expresarte. Esa palabra que oíste el otro día, ese adjetivo o esa conjugación verbal que parece tan complicada, pero que es tan útil. 5. Trabajo personal: No vale con ir a clase y hacer los ejercicios. Aprender un idioma es una cuestión de constancia. Aprovecha esa serie que te gusta para verla en versión original, lee todos los días un poquito o tómate tu tiempo para entender esa canción que sin saber porqué (aún), te alegra tanto. 6. Practícalo siempre que puedas: Para pedir un refresco o en la oficina de turismo cuando estés en otro país, incluso para solicitar información a una empresa con la que quieras contactar. Todas las oportunidades son buenas para lanzarte a hablar. Google Translate no siempre lo tienes a mano ni, mucho menos, es la mejor solución. 7. Sin vergüenza: Estoy aprendiendo un idioma, me equivoco “¿Y qué?”. La vergüenza es el mayor enemigo en cuanto a hablar otro idioma se refiere. Eres un aprendiz, no lo sabes todo, no te cortes y lánzate. 8. Nuevos términos sí, pero sin agobios: Llenar la habitación de pósits con términos o llenar las páginas del libro con anotaciones en cada palabra son una opción para muchos… Selecciona bien las expresiones, adjetivos y palabras que más te puedan ayudar, los listados infinitos no sirven de nada, excepto para agobiarnos. 9. No traduzcas literalmente: Toda lengua encierra unas connotaciones culturales o expresiones y términos que no son traducibles o que quieren decir otra cosa. “Constipation” en inglés no es lo mismo que constipado ni “habitation” en francés es habitación. En un primer momento y con las lenguas latinas especialmente, tendemos a “lanzarnos a la piscina”, estrategia que funciona en muchos casos… Pero no siempre. Ni qué decir con la gramática. Al principio es normal, pero llegado un punto, intenta pensar en el otro idioma para expresarte y no en el tuyo con palabras en la lengua que estés aprendiendo. 10. La inmersión total: No cabe duda que irte al país es la mejor estrategia para aprender la lengua y la cultura que te interesan. Si tienes la oportunidad, no lo dudes. 10 +1: ¿Y tú, tienes algún consejo adicional? ¡Utiliza los comentarios para nombrarlos!

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