¿Están justificadas las faltas de ortografía en la subtitulación?

La lucha contra las faltas de ortografía en textos de cualquier formato parece no tener un final feliz. En esta sociedad hiperinformada en que vivimos nos acosa el antihéroe de las faltas de ortografía garrafales y lo peor de todo es que existe una peligrosa tendencia a ir normalizando la presencia de este personaje en la película de nuestras vidas.

El mal uso del lenguaje en las nuevas tecnologías también hace un flaco favor a la corrección ortográfica, que está convirtiéndose en un actor secundario con peligro de pasar a ser un figurante. Los adolescentes, sí, los mismos que en una década serán psicólogos, profesores y mecánicos, acostumbran a escribirse mensajes entre ellos del tipo: «K hazes? T hecho de menos., haber si te veo». Así, cargándose en 40 caracteres esas cosas tan raras llamadas sintaxis, morfología, puntuación y ortografía. A corto plazo, deben pensar, obviar estos aspectos no constituye una amenaza para la buena salud de su círculo social. Aún recuerdo cuando los periódicos ingleses publicaron hace años que el entonces primer ministro británico Tony Blair había escrito toomorrow en una nota.

El drama está en que este spelling mistake no lo apartó del número 10 de Downing Street. En fin, esta realidad no es más que una amenaza en potencia para nuestra maltrecha ortografía.

La subtitulación es otra apasionante forma de traducción. El público de llegada pueden ser personas que están aprendiendo el idioma de salida o personas con problemas más o menos severos de audición.

Un subtítulo, por cuestiones de tiempo de lectura y número de caracteres recomendado (aproximadamente 1,5-2,5 segundos por subtítulo de una línea) debe proporcionar toda la información básica en un texto muy corto. Las cursivas indican diálogo, las mayúsculas se usan para los textos de los carteles y el título inicial, entre otras convenciones. Todo un arte, la capacidad de síntesis tiene un papel protagonista junto con la buena ortografía, por supuesto.

Solo el sentido del humor suaviza el impacto de la presencia de una tostada en pleno brindis o la ortografía de comprovar -¡qué mala intención al colocar la v y la b tan juntitas en el teclado!-. Por no hablar de los clásicos haber/a ver o vaya/valla/baya, que obstaculizan cualquier posibilidad de comunicación. Pero la solución no está en quitarle hierro al asunto con una carcajada. Quizás pensar que una falta de ortografía en un subtítulo equivale a un bocinazo en pleno diálogo ayudaría a concienciar a las futuras generaciones de la imperativa necesidad de la rigurosidad en este ámbito.