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Ya nos lo contó Sir Walter Scott al inicio de Ivanhoe, el primer best-seller de la historia de la literatura, cuyas ventas hicieron que su autor se convirtiera en un hombre rico. Las lenguas sajonas, en este caso la inglesa, pero también el resto de lenguas germanas, como el alemán, el danés o el neerlandés, tienen multitud de préstamos que provienen de lenguas románicas o directamente del latín. En el caso del inglés es obvio que la lengua de los sajones se vio tremendamente influenciada por la invasión normanda, y de ahí que el número de palabras de raíz latina en la lengua inglesa sea muy superior al que encontramos en otras lenguas de origen germánico.

El efecto que estos préstamos latinos, casi siempre cultismos, tienen en la lengua receptora debe ser contemplado con cuidado a la hora de realizar una traducción a una lengua románica, ya que una palabra de origen latino dentro de una lengua germánica siempre revela un registro culto y formal, aunque su equivalente, derivado de la misma raíz, en una lengua románica puede no revelar un registro culto en absoluto. Así, por ejemplo, existe en inglés la palabra garrulous, pero con un significado y connotaciones totalmente distintas del garrulo español. Ambas provienen de la misma raíz latina, pero su devenir ha sido bien diferente. Cierto es que en español también existe la palabra gárrulo, con un significado similar a su pariente inglesa, pero apenas se utiliza.

Al inicio del post me he referido al ejemplo de Ivanhoe, cristalino y sencillo como el agua para este caso. En inglés encontramos una dicotomía a la hora de designar a determinados animales de granja, según estén vivos o listos para comer. Las palabras que designan a los animales aún vivos, como cow, sheep, pig, chicken, deer, etc… tienen raíz sajona, ya que esos animales eran criados por sajones del pueblo llano y así era como los nombraban. A la hora de ser paladeados, sus nombres se convierten en beef, lamb, pork, poultry, venison, etc… respectivamente. Todas estas palabras son de origen normando, ya que eran ellos quienes disfrutaban de dichos manjares, y así era como los llamaban. De modo que el distinto origen de las palabras revela no sólo un cambio de registro, sino un escalón social y, por supuesto, una muesca en la historia de sus hablantes.

En alemán también nos encontramos con que telefonieren presenta un registro más culto y formal y un significado más restringido que anrufen, aunque los dos verbos puedan designar la misma acción en algunos casos. Y lo mismo ocurre con congratulieren y otros verbos alemanes de raíz latina.

Lo importante, al traducir del alemán, inglés, holandés o danés al español, francés, italiano, portugués o catalán, es que seamos conscientes de que las palabras de origen latino que encontramos en las lenguas germánicas pueden dar lugar a multitud de falsos amigos, y que, sobre todo, siempre suponen una diferencia de registro.

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