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Por alguna extraña razón, la gente suele imaginarse a los traductores en forma de seres huraños, recluidos en sus casas, con los ojos enrojecidos de mirar al texto y las manos agarrotadas por el tecleo del ordenador. Tal vez por eso, aquellos que encargan traducciones suelen ser reacios a proporcionar cierto tipo de información sobre el texto que facilitan a su traductor. Tal vez piensen que quien traduce, en medio de su trance alfabético, podrá discernir en el texto, con sólo echarle un vistazo, el propósito por el que fue escrito y por el que debe ser traducido, así como un largo número de objetivos que el cliente pretende conseguir al traducirlo. Lo cierto es que, si un texto está bien escrito, puede revelar muchas de esas cuestiones por sí mismo, pero… ¡ah! amigos, no siempre los textos lo cuentan todo sobre el proceso que entraña su creación.

De ahí que me atreva a lanzar desde este blog una útil recomendación dirigida a aquellos que desean traducir sus textos y también a los traductores que deben animar a sus clientes: “Hable con su traductor”. La mayoría de los que conozco son personas extrovertidas, inquietas, sonrientes, con muchos amigos de muchas partes del mundo. Usted puede hablarles, plantearles sus dudas e inquietudes acerca del texto, preguntarles si creen necesario traducir todo el contenido o sólo una parte del mismo, ¡pueden incluso ayudarle a ahorrar dinero a la vez que le entregan un trabajo de calidad! Si su traductor conoce los propósitos que le mueven a traducir sus textos, es seguro que la traducción que le entregue sea mucho más eficaz y que cumpla mucho mejor con dichos objetivos. Si su traductor conoce el destinatario al que su traducción va dirigida, si conoce el ámbito en el que va a emplearse o si va a ser o no publicada, tenga la certeza de que el texto traducido causará el impacto esperado y tendrá la utilidad que usted desea.

No deje que su traductor vague a ciegas haciendo conjeturas, no ya sobre el texto, sino sobre los propósitos de su dueño. Sea sincero, sea generoso y confíe en la confidencialidad del trabajo del traductor, ambos saldrán ganando, ya que pocas cosas son más frustrantes para quien traduce que el hecho de enfrentarse a un texto que carece de contexto. Su traductor es la persona más interesada en realizar un trabajo de calidad, y es que otra cualidad común a la mayoría de traductores que conozco es que todos ellos quieren escribir la traducción perfecta. Por supuesto, eso es lo que nos lleva a un estado de insatisfacción constante, pero, tal vez ese sea tema para otro blog.

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