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El discurso que pronunció Ana Botella ante el Comité Olímpico Internacional para la asignación de los JJ. OO. de 2020 a Madrid ha sido el tema más explotado de los últimos días, tanto en los medios de comunicación españoles como en las calles de este país. Desde Okodia – Grupo traductor no queremos echar más leña al fuego. Lo que sí que nos gustaría hacer, en este ambiente de lingüistas, traductores y amantes de las lenguas en general, es abrir un espacio de debate para que cada uno exprese su opinión sobre tal actuación, y en la medida de lo posible, sobre el problema de fondo. Todo el mundo sabe que la clase política española no se prodiga mucho en ninguna otra lengua que no sea la suya propia. Buena representación de lo que hacen sus nacionales, como ya vimos en este artículo. Si bien es cierto que el español es una de las lenguas más potentes a nivel mundial, ello no quita que los representantes institucionales de este país (y de todos) dispongan de herramientas suficientes para defenderse en los foros internacionales. Puntualizamos: no queremos, evidentemente, acabar con la tarea del intérprete (lo que, dicho sea de paso, nos parece bastante utópico), sino que defendemos que aquellos que representan los intereses de los ciudadanos en la esfera global deben tener un mínimo de competencias lingüísticas en otras lenguas internacionales. Y no se trata de convertirse en Shakespeare de un día para el otro. De lo que se trata es de evitar situaciones embarazosas como las del bonsái de Zapatero, de que podamos exportar algo más que el concepto vergüenza ajena. De ser capaces de comprender el mensaje y de expresar una opinión en otra lengua. De hecho, no lo decimos nosotros, lo dice Androulla Vassiliou, Comisaria de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud, con su propuesta de lengua materna + 2 para todos los europeos. Incluido Sergio Ramos. No se exige un C2 en tres idiomas, pero sí que sería enriquecedor poder entender y ser entendido en otro idioma, más si éste se considera la lengua franca (al menos, de momento). Mientras las prioridades políticas de Vassiliou no se conviertan en realidad, la mejor opción, la más profesional, humilde y acertada, nos sigue pareciendo la de contratar a un intérprete. Estos mediadores lingüísticos no solo conocen el léxico de las dos lenguas en las que trabajan. Su capacidad de concentración, retención y agilidad mental, así como el dominio de las técnicas verbales y no verbales está muy por encima de la media. Y su curiosidad y cultura son dignas de mención y reconocimiento. Que cada uno haga su trabajo de la mejor manera posible.

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