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Hace un mes abrimos la sección dedicada a las jergas prometiendo que, a lo largo de las próximas semanas, nos documentaríamos sobre cuatro ámbitos específicos en los que se dieran dichos códigos, y que trataríamos de descifrarlos en la medida de lo posible, gracias a nuestro intrépido equipo de investigación -de una persona-. Seguimos abiertos a vuestras sugerencias para los próximos tres artículos temáticos.

El primer capítulo se centra en la presentación de una selección de recursos sobre la jerga taleguera: el lenguaje de la cárcel. La información primaria se ha recopilado a través de visitas periódicas a un centro penitenciario de la Comunidad de Madrid. La secundaria se ha obtenido gracias a la ayuda de un grupo de voluntarios/as de Solidarios para el Desarrollo, ONG con larga tradición de intervención social en ese ámbito; así como de la lectura de blogs, diccionarios y artículos varios, entre los cuales destacamos el portal Infoprision (con diccionario carcelario, guía práctica de centros penitenciarios españoles y relatos verídicos de expresidiarios), y las memorias de El Vaquilla, tituladas Hasta la libertad.

El equipo individual de investigación, en la fase de preparación y con los medios de que disponía, empezó la documentación con el visionado de la serie Orange is the new black. Este ejercicio, realizado en versión original y sin calentamiento, es recomendable para todo aquél que quiera familiarizarse con el registro utilizado en las cárceles neoyorquinas. Y si bien no nos da equivalencias en español (aún no está doblada ni subtitulada), sí que nos deja muy clara una idea: el lenguaje dentro de la prisión es críptico, peculiar y efímero. Es críptico por la naturaleza propia de sus hablantes, que necesitan y persiguen un cierto grado de intimidad; es peculiar porque resulta de la combinación única de ciertos individuos en un determinado espacio, y es efímero porque si se fijara, perdería su principal funcionalidad.

Así pues, la “unidad” científica de Okodia – Grupo traductor se congratula de poder entregar a sus lectores la información obtenida, que encontrarán en los citados recursos (no os reproduciremos un glosario aquí, que no nos pagan por terminólogos), y resta abierta a cualquier pregunta o consulta que tengáis. Sin embargo, el equipo señala que, igual que decimos que cada persona es un mundo, debemos decir que cada cárcel es una microsociedad (o no tan micro, si tenemos en cuenta que España es el país de la vieja Europa con más presos por habitante), y por lo tanto, no existe una única jerga taleguera. Entre los treinta internos del grupo del centro visitado se han contado hasta diez nacionalidades, entornos totalmente variopintos y tres decenas de historias particulares, nada uniformes y en absoluto generalizables. Desde quinquis de extrarradio a cultivados universitarios.

Esperamos no encontraros por allí.

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