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El verano es, para la mayoría, tiempo de vacaciones y relax. Se modifican horarios, se cambian hábitos y disfrutamos de muchas actividades al aire libre que en invierno hemos echado de menos. Sin embargo, no debemos confundir relajación con dejadez.

El lenguaje, como Okodia, no cierra por vacaciones. El paso de información entre dos lenguas, -es decir, la traducción-, no descansa. Es más, en el ámbito turístico se vuelve indispensable. Sin embargo, muchos hoteles, restaurantes, parques temáticos e incluso ayuntamientos parecen recurrir a nuestro querido Google translate para cubrir este servicio lingüístico. Lamentablemente, es habitual encontrar las aberraciones producidas por esta herramienta en trípticos de oficinas de turismo o en el cartel de las normas de la piscina municipal. Y, sí, seguro que hay un sector de la población a quien esta situación no le parezca nada preocupante, pero seguramente se trata de las mismas personas que comen pipas en plena calle y tiran las cáscaras al suelo o siguen a Kiko Rivera en Twitter.

[Sharer]

La calidad debe existir y exigirse en cualquier ámbito por respeto al lenguaje y por no perder matices por el camino. Un producto muy perjudicado en este sentido en el ámbito turístico es la traducción del menú de los restaurantes. ¿Qué debe pensar el comensal que se dispone a pedir postres y se encuentra con que una de las opciones es Honey and killed? Seguramente su percepción de la cultura de llegada se verá, como mínimo, ligeramente distorsionada. ¿O aquél que se encuentra con un entrante desconocido llamado Gazpacho del que no aparece ni una breve descripción en la carta? Aquí se le estará privando de las delicias de uno de los platos estrella de la gastronomía local.

Del mismo modo que se cuida el bienestar general de los clientes deben tratarse los servicios lingüísticos en la época estival. No hay excusa para ello, en verano el lenguaje también está vivo y existen agencias de traducción dispuestas a cubrir necesidades.

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