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    [Sharer] Empieza el curso escolar y cada día son más los alumnos que llegan a nuestras aulas sin conocer el idioma de uso común en el centro. Los niños tienen diferentes procedencias y nacionalidades y, en muchos casos, ningún profesor del colegio conoce el idioma en el que el niño se expresa. Eso es por supuesto una dificultad importante a la hora de valorar los conocimientos previos del niño y de elaborar un currículum adaptado en el caso de que lo necesite. Por supuesto, necesitará refuerzos en su propia lengua o si no cada vez sufrirá mayor retraso con respecto a los otros niños de su clase. En la actualidad, nuestro sistema educativo enfrenta estos casos con una prueba inicial de cociente intelectual, que en ningún caso refleja los conocimientos previos que el alumno pueda tener sobre las distintas áreas, y simplemente espera a que el alumno vaya adquiriendo la competencia lingüística necesaria en la lengua en que se imparten las materias para poder realizar una evaluación más precisa. En EEUU, por ejemplo, un país cuyo sistema educativo tiene larga y amplia experiencia en el trato con estudiantes extranjeros que aún deben realizar una inmersión lingüística, los colegios tienen en nómina traductores cuyo cometido en el centro es realizar una labor de mediación entre los alumnos que todavía no han adquirido las destrezas lingüísticas necesarias para trabajar y los profesores. Para ello realizan entrevistas personales y pruebas de evaluación inicial en la lengua materna de los alumnos, de modo que cada profesor sepa cuáles son los conocimientos previos de ese alumno en su área, les proporcionan libros de textos y otro tipo de material pedagógico traducido a su lengua para que el desfase con sus compañeros no sea cada vez mayor y, además, realizan una importante labor de mediación con los padres, para que sean plenamente conscientes del funcionamiento y de las normas del colegio al que acude su hijo, y para que en todo momento conozcan la progresión de su hijo y puedan ayudarle en todo lo posible desde casa. Por algún motivo, este papel del traductor como mediador lingüístico no existe en nuestro sistema educativo, a pesar de que el número de alumnos extranjeros en algunas aulas es francamente considerable. Y es claro que ese apoyo no repercutiría solo en beneficio del propio alumno, sino de toda su clase, ya que mejoraría notablemente la dinámica de grupo que se crea en un aula donde uno o varios alumnos no conocen el idioma en que se imparte la clase.

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