¿Por qué no siempre se traduce Black Friday?

Cuando todavía nos estamos recuperando de los sustos de Halloween –y de la invasión de los recién importados payasos asesinos- tenemos otra costumbre norteamericana esperándonos a la vuelta de la esquina: el Black Friday. Así, sin traducir, porque aunque existan recomendaciones, quizás un “viernes negro” o un viernes de descuentos no nos suenan tan bien. Y lo más curioso del caso es que si, con un día no saciamos nuestra ansia consumista, todavía nos quedará el Cyber Monday -para el que también existen alternativas- para acabar de convencernos de que comprando siempre seremos más felices, sobre todo si lo hacemos en inglés y no en nuestro idioma materno.

¿Por qué preferimos consumir en Black Friday que en viernes de descuentos? ¡Tuitéalo!
Sin embargo, nos queda el consuelo de que no somos los únicos que nos mostramos -en general- reticentes a traducir el nombre de este día de compras por excelencia al idioma propio de cada país, como puede comprobarse en esta página. En países tan diferentes como Polonia, Brasil o Finlandia, la tendencia general también es mantener el nombre original. No sabemos con certeza a qué se debe esta especie de pacto no escrito. ¿A que lo que viene de fuera siempre parece más interesante? ¿A que ya estamos, de algún modo, resignados a la supremacía del inglés? Sea por lo que sea, la influencia de la cultura de los Estados Unidos en general, y de los anglicismos en particular, en el mundo hoy en día es innegable.   Pero el Black Friday no es, ni de lejos, la única tradición que hemos copiado y pegado de los Estados Unidos. Hace ya unos cuantos años que celebramos Halloween, San Valentín, vemos cheerleaders en acontecimientos deportivos o nos preparan baby showers para nuestros bebés, por poner algunos de los ejemplos más populares. También nos vuelve locos la comida -no sabemos si se trata de una ironía- rápida que preparan en sus cadenas de restaurantes (?) y ponemos sus nombres a nuestros hijos, sin comprobar la correcta ortografía en el peor de los casos. Así, tenemos varias generaciones de jóvenes llamados Kevin, Ethan, Jennifer y Jessica, consumidores de formatos televisivos originales de los Estados Unidos, que ya están deseosos por gastar la paga semanal el próximo Black Friday, quizás pensando ya en algún baile de graduación. O quizás no, pues todavía queda mucho curso escolar por delante.   En Okodia nos gusta ver la parte positiva de todo y pensamos que la invasión de costumbres ajenas y de palabras extranjeras, puede ser una ocasión para entrar en un primer contacto, en algunos casos, con un idioma. O, como mínimo, no debe ser una ocasión para destruirlo en ningún aspecto. En este sentido, esperemos al menos que nadie olvide la mayúscula en el día de la semana, error que un niño de Primaria podría detectar enseguida. O que alguien sienta curiosidad por la pronunciación correcta de cyber, por ejemplo. Cualquier excusa es buena para aprender cosas nuevas de un idioma, por pequeñas e insignificantes que puedan parecer.   Mientras tanto, nos mantenemos con la mirada puesta al otro lado del charco, para aprender sus costumbres y modas y importarlas intactas y sin traducir a nuestra sociedad. Solo queda esperar para ver qué será lo próximo. ¿La peluca de Donald Trump? Ooops! Donald Trump’s wig.

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