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En nuestro último post os hablamos de los beneficios que podría tener traducir para nuestro negocio,  pero nos surgieron algunas dudas que prometimos resolver más adelante; el momento ha llegado. Muchas veces comentemos el error de pensar que por ser pequeña nuestra empresa no tenemos nada que traducir, o que si lo único que hacemos es enviar un mail en inglés lo puede hacer cualquiera, pero eso no es del todo cierto. Por norma general, en las empresas hay muchos materiales susceptibles de ser traducidos que pasan desapercibidos pero que es imprescindible que sean al menos revisados por un profesional ya que son el contacto directo con el cliente, la cara más visible de nuestra empresa, nuestra tarjeta de visita. Los textos breves son los más castigados. Cuando los documentos son muy cortos no nos complicamos la vida, elegimos a la persona que sabe inglés de la empresa y le convertimos en traductor por un día, pero esta práctica es muy arriesgada, ya que sorprendentemente muchas veces los textos cortos son más complejos que los textos más extensos. Un claro ejemplo de esto es la publicidad, son frases muy breves pero claves, si las traducimos mal puede cambiar el mensaje que queremos transmitir. Si nos hemos gastado 300 euros en una agencia de publicidad para buscar ese eslogan tan molón para nuestro país o idioma, ¿por qué nos resistimos a pagar 25 euros en internacionalizarlo y llegar a un mercado mundial?. Los folletos, catálogos y newsletters son otro ejemplo de textos que sirven de contacto directo con nuestros clientes pero que, como son breves, no reciben la atención que merecen. Por otro lado están los manuales de usuario e instrucciones. Estos materiales son sumamente importantes, si la información no está bien expresada la experiencia de nuestros clientes con nuestros productos puede ser mala y por lo tanto no volverse a repetir nunca, y estos dejarán de ser clientes (fieles, seguramente) y habrán sido, tan solo, compradores. Otro ejemplo de una mala experiencia del cliente puede ser un correo electrónico mal redactado o una carta postal con faltas de ortografía. Todos los que sabemos algo de inglés creemos que podemos escribir un e-mail, y eso es cierto, pero ¿estará ese e-mail correcto? ¿Qué pensará ese cliente potencial sin en nuestro primer contacto con él escribimos faltas de ortografía? Los e-mails son el primer contacto con nuestros clientes, por lo tanto no podemos fallar ahí, deben estar perfectamente redactados. Por otro lado los correos electrónicos son los materiales más susceptibles de pasar por un traductor automático, lo cual es muy arriesgado, como ya os contamos en anteriores ocasiones. Incluso un sencillo presupuesto puede ser clave para dar una buena imagen inicial, así que hay que estar atentos a toda la información que compartimos en nuestra empresa, cuidar cada una de nuestras comunicaciones y si no queremos traducir al menos deberíamos confiar en un profesional que revise que nuestro texto.

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