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Que levante la mano el que, tras este cambio brusquísimo de temperatura que ha azotado la península, no esté moqueando por las esquinas. Yo no me he librado, y como somos animales sociales, la gente de mi alrededor tampoco. Lo delicioso de trabajar codo a codo con gente de otras nacionalidades va más allá del intercambio de virus internacionales. Sin darte cuenta, la multiculturalidad te enriquece el espíritu y la jornada laboral; y día tras día, y sin hacer esfuerzo alguno, acabas pudiendo estornudar en japonés, si quieres.

Empecé a fijarme en el fenómeno que anuncia la llegada del frío para analizar la respuesta que se daba, según el idioma materno, cultura y religión, a la expulsión repentina de aire. Y se ha escrito mucho sobre el tema. Parece de aceptación generalizada que, en nuestra cultura, el origen de la tradición de desear “salud” a los que estornudan se remonta al papado de Gregorio I Magno (540-604), durante el cual la peste acechó el viejo continente. El papa, para curar al pueblo, impuso bendecir a la carta, rezar letanías, procesiones y plegarias cada vez que alguien estornudara.

De tal circunstancia procede el «Dios te bendiga» que encontramos en algunas lenguas, y que más tarde se simplificaría a salud, Jesús o expresiones semejantes. Eso, o que cuando Eva le dio a Adán la manzana del pecado primigenio, éste soltó el primer estornudo de la humanidad: el alma había abandonado el cuerpo momentáneamente. Desde entonces, la expulsión fugaz de la esencia humana por las vías orales y nasales se convirtió en signo de mal augurio y en un presagio de la muerte. Aunque yo prefiero la explicación menos machista (aunque igualmente creativa).

Esto estaría más relacionado con la explicación de que salud ha derivado de la construcción “sal Lucifer”, pronunciada durante los exorcismos mientras se echaban polvos y polen de flores al afectado para intentar salvarlo del diablo. No me extraña que haya gente que se aguante los estornudos, después de leer esto. Especialmente si tenemos en cuenta que en algunas partes del mundo consideran a ese acto reflejo como un aviso de infidelidad.

Sea como fuere, mi investigación continuó por otros lares. ¿Os habéis fijado en cómo se transcriben los estornudos en otras lenguas? Un sonido que a priori no controlamos, debería sonar igual en cualquier parte del mundo, pero no es así. Y ¿por qué los sordos estornudan en silencio? La próxima semana, si los mocos y el diablo me permiten trabajar, os lo contaremos. 😉

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