¿Espontáneos? No, gracias

Cuando una empresa se enfrenta a la necesidad de traducir alguno de sus textos, la primera pregunta que se plantea es: ¿quién puede hacer la traducción? Uno Se pregunta: ¿se trata de un texto que va dirigido a los clientes o de una comunicación interna de la empresa?, ¿es un texto que va a ser publicado o se trata de documentación interna de la propia empresa?, ¿hablamos de un texto que puede contener terminología especializada, como un contrato, o se trata de un texto breve y con vocabulario general, como por ejemplo un e-mail? Aquellas empresas que necesitan traducir sus textos de manera esporádica pueden caer en un primer momento en el error de pensar que cualquier persona contratada en la empresa, con un mínimo de conocimientos acerca del idioma en el que se ha escrito originalmente el texto, puede realizar la traducción. De esta manera, puede parecer que la traducción será más barata y que nos ahorraremos un dinero por el servicio. Sin embargo, lo barato resulta caro, y cualquier empresa acostumbrada a traducir sus textos con cierta frecuencia podrá explicarle que recurrir al intrusismo profesional en traducción es siempre una mala opción. De la misma manera que los remedios de la abuela no sirven para tratar dolencias más importantes, las traducciones realizadas por no profesionales suelen resultar imprecisas, incompletas, poco fieles y ambiguas, ya que el trabajo de traducción requiere no sólo el conocimiento de los idiomas de trabajo, tanto de partida como de llegada, sino también habilidades muy concretas de comprensión lectora, capacidad de inferencia textual, destreza en la redacción, memoria, capacidad de análisis, conocimiento del tema en cuestión, conocimientos sobre documentación, familiaridad con las culturas de partida y de llegada de ambos textos, etc. Si dejamos la traducción en manos de espontáneos que desconocen el método de trabajo, las habilidades de traducción y, tal vez, incluso parcialmente las lenguas y culturas de trabajo, estamos corriendo el riesgo de obtener un texto ambiguo, incompleto, confuso y ridículo, una traducción que carezca de sentido o que contenga un sentido diferente al del original. ¿Dejaría usted la planificación de su vivienda a su vecino albañil, o contrataría a un arquitecto cualificado?

Lo barato resulta caro ¡Tuitéalo!
Ni qué decir tiene si además hablamos de traducciones on-line realizadas por computadoras. Para comprobar su inutilidad no hay más que volver a traducir al idioma original el texto que ya se ha traducido, y obtendremos resultados de lo más hilarantes. Sirva de ejemplo la leyenda sobre una de las primeras pruebas de traducción automática que se realizaron durante la guerra fría del inglés al ruso y viceversa. Para realizar la prueba se introdujo una frase bíblica: “la carne es débil pero el espíritu es fuerte”, que una vez traducida al ruso volvió a traducirse al inglés para comprobar que el sistema funcionaba. La frase que de nuevo se obtuvo decía: “La carne es fofa, pero el vodka es fuerte.” Si su empresa quiere realizar un trabajo serio, respetable y diligente, no se arriesgue, confíe sus traducciones a profesionales que podrán garantizarle precisión y fiabilidad en sus servicios, y que incluso podrán aconsejarle sobre cómo realizar traducciones de calidad a un precio razonable.