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[Sharer] Parece ser que el ojo humano no puede distinguir más allá de 16 colores, lo cual debe dejarnos perplejos ante la multitud de denominaciones que existen para designar las distintas gamas de colores. Todo esto se traduce en que muchas veces los hablantes no conocen la diferencia de significado entre denominaciones de colores en su propia lengua, es decir, que muchos hablantes de español no conocen la diferencia entre violeta, malva, lila, morado y púrpura, por poner un ejemplo básico, pues hay términos que hilan mucho más fino. Esto representa un gran problema en traducción, ya que si no sabemos qué color es cuál en nuestra propia lengua, ¿cómo vamos a traducirlo? A esa dificultad hay que añadir que la segmentación de los colores es cultural, y no natural, por el motivo al que anteriormente he aludido, pues nuestro ojo no ve más que 16 colores. De modo que lo que en una cultura es negro, en otra es gris, o incluso azul. Un ejemplo claro es la expresión slate grey en inglés, que utiliza el color de la pizarra para referirse a un color gris muy oscuro. Pero sin duda, cualquier hablante de español coincidirá en que la pizarra es negra o, a lo sumo, azul oscuro casi negro. De hecho, ese mismo color gris oscuro que en inglés se denomina slate grey se identifica en español como gris marengo. Un nombre precioso, por cierto, ya que debe su denominación al color de uno de los caballos árabes de Napoleón, Marengo, de color gris oscuro, que a su vez debía su nombre a la ciudad italiana donde Napoleón libró victoriosa batalla. Algo similar ocurre con el charcoal grey, ya que los hablantes de español identificamos el carbón con el color más negro posible, y no con el gris. Quizás parezca que el gris y el negro son demasiado afines, y que por tanto no es de extrañar esta confusión, pero miren lo que ocurre con la tinta del calamar. Para un hispanohablante, la tinta del calamar es negra, como así lo demuestran los nombres de los platos gastronómicos cocinados con este ingrediente: arroz negro, pasta negra, etc. Pero he ahí que los angloparlantes ven en la tinta del calamar el paradigma de lo que es para ellos el color purple. Curioso, ya que para un hablante de español una berenjena es el objeto paradigmático del color morado, equivalente al purple en cuanto que ambos se definen en sendos idiomas como el color resultante de la mezcla de azul y rojo. La gama del color morado podría segmentarse, groso modo, en malva, violeta, lila, morado y púrpura, en lo que al idioma español respecta. El morado es un color oscuro, mezcla de los colores primarios azul y rojo; mientras que el lila, violeta y malva, son colores de un morado pálido, que hacen referencia al color de las flores que les dan nombre. El púrpura es sin embargo un color rojo subido de tono violáceo, propio de las vestimentas de emperadores, reyes, Papas y cardenales. En inglés, por otro lado, esa gama de colores se designa con mauve, violet, lilac y purple. De modo que vemos, con un simple vistazo, que de 5 denominaciones en español pasamos a 4 en inglés. Algo ha ocurrido. Mauve y lilac continúan haciendo referencia a flores y, por lo general, a un tono pálido del color morado. Sin embargo, el color violet se asocia muchas veces a lo que en español se conoce por púrpura, a pesar de que las violetas tienen el mismo color en la Península Ibérica y en las Islas Británicas. No quiero decir con esto más que, una vez más, lo que creemos diferencias objetivas entre distintos términos de nuestra lengua, no son más que diferencias culturales que creemos naturales de tan arraigadas en nuestro pensamiento. Creemos que la pizarra, el carbón y la tinta del calamar son negros por naturaleza, pero son negros porque nuestra cultura ha decidido que así lo sean. Otras culturas no tienen porqué ser de la misma opinión.

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