¿Cómo empatizar con el cliente?

Hace unos días hablábamos de las otras habilidades del traductor. Hoy nos centraremos en la primera de la lista: la empatía. Parece una obviedad, pero la verdad es que no siempre somos conscientes de su importancia. ¿Quién no se considera a sí mismo empático? Está bien visto, igual que decir que somos solidarios o deportistas.

La traducción también nace de los sentimientos, que son la base de la empatía. ¡Tuitéalo!
Quizás en la traducción de las instrucciones del robot de cocina o en alguna traducción científica la empatía no nos sirve de mucho, pero en la mayoría de textos existe pasión en mayor o menor grado -lo siento Google traductor, no sabes a qué me refiero-. Cualquier expresión artística, y la traducción sin duda lo es, nace de los sentimientos, que son la base de la empatía. En el caso de los textos estas emociones deben traspasar el papel o, en su defecto, la pantalla. Poner en práctica la empatía a la hora de traducir es fácil. En primer lugar, debemos entender completamente el texto. Parece muy evidente, pero es un paso básico para realizar un buen servicio de traducción. En este sentido, resulta muy positivo indagar sobre el cliente. Visitar su página web o su perfil profesional en las redes sociales nos puede ser muy útil para conocer mejor el origen y el propósito del texto. Una vez hecha esta investigación podemos ponernos manos a la obra con el proceso de traducción. El último paso es pulir las imperfecciones. Nunca debemos quedarnos con ninguna duda sobre el trabajo que entregamos. Aquí es donde entra en escena algo tan útil y en ocasiones descuidado como es la comunicación fluida y productiva con el cliente. No se trata de atosigarle con preguntas cansinas y saturar los buzones con correos electrónicos. A veces una simple entrevista por Skype puede solucionar muchas dudas. El cliente sabrá explicarnos qué pretende conseguir -o ahuyentar- con el texto.