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Un sueño persistente en la historia del hombre siempre ha sido que la humanidad llegue algún día a compartir un mismo idioma. Una antigua historia hebrea nos cuenta que así ocurrió tiempo atrás, pero Dios castigó al hombre en su afán por alcanzar el cielo con una torre, y le condenó a hablar distintas lenguas y a no entenderse. También es cierto que sin ese castigo no existiría hoy el oficio de traductor, de modo que tal vez debamos alegrarnos.

En todo caso, en estos tiempos en que parece deshacerse cualquier condena que un día nos impusiera Dios, en los tiempos postmodernos en que, dicen, Dios ha muerto, tal vez se vislumbre el camino que nos lleva a ese día en que todos hablemos una lengua común. Por motivos económicos, parece que el inglés conseguirá convertirse en esa lengua franca tan anhelada por todos. Que cada país seguirá teniendo su propio idioma es algo indiscutible, pero cada vez parece más verosímil que el inglés sea la lengua común de ámbito internacional en instancias que hasta este momento no había logrado abarcar. Hasta ahora, estaba claro que para hacer negocios y para viajar era el inglés la lengua internacional que nos ponía en contacto con las culturas del lejano oriente y, por supuesto, africanas. Sin embargo, en la última década es además una lengua internacional en los ámbitos administrativos de diferentes estados del mundo. Ante la dificultad de encontrar, por ejemplo, traducciones fiables entre combinaciones de idiomas tales como danés-malgache, la administración de cualquier país es cada vez más proclive a aceptar documentos administrativos originales, o bien su correspondiente traducción jurada, redactados en lengua inglesa. Que el inglés haya logrado hacerse un hueco en las instancias administrativas, tan reacias al cambio y la novedad, es ya no un síntoma, sino la ratificación de que la lengua inglesa se ha impuesto como lengua internacional, y no como una moda que pasará cuando China tome el relevo del liderazgo económico mundial. El inglés ha venido para quedarse, ya que la sociedad civil y el estado de todo el mundo ha realizado una inversión enorme en que sus ciudadanos aprendan inglés, lo cual hace inevitable que esta dinámica vaya en aumento.

La justificación de que el inglés haya conseguido adoptar esta posición en todo el mundo es sin duda económica y militar, y en ningún caso lingüística. ¿Llegará el día en que las distintas lenguas sean una mera seña de identidad local? Tal vez no seamos nosotros quienes veamos ese día, pero sí es cierto que en el plano informativo, el inglés es la lengua de referencia en todo el mundo. Y, aunque no a todos les guste, hay que reconocer que poder disfrutar de una lengua común facilita mucho las cosas.

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