5 errores habituales en la traducción de textos científicos

Si tienes un amigo traductor científico coincidirás conmigo en que su personalidad profesional es, ciertamente, peculiar (ojo, no lo decimos en sentido negativo). Me explico. Como personas “de letras” a estos profesionales les encanta perderse largas horas entre libros y anotaciones, pueden pasarse toda la tarde buscando el sinónimo más acertado del mundo y no descansarán hasta localizar ese adjetivo concreto que su traducción necesita imperativamente. Pero por otra parte, estas personitas son profundamente técnicas, casi parecen ingenieros. Son exhaustivas, concretas, exactas, estrictas… Lo blanco es blanco (o white) y lo negro, negro.

Esta llamémosla “polaridad” es, precisamente, lo que provoca que los traductores científicos hagan tan bien su trabajo. Traducir textos científicos exige una mente flexible para comprender conceptos abstractos pero, también, un rigor exquisito para traducir fielmente una serie de datos que no puede contener ni el más mínimo error.

Y de errores hablaremos hoy, en concreto de los 5 errores habituales en la traducción de textos científicos. A ver qué te parece.

 Error 1: emplear frases demasiado largas.

Esa cualidad literaria que te contábamos al principio provoca que, a veces, los traductores científicos se pierdan entre larguísimas y farragosas frases que pueden provocar la pérdida del sentido del mensaje.

 Error 2: abusar del –mente.

Gran cantidad de textos científicos en inglés utilizan una y otra vez adverbios terminados en mente. Los traductores científicos en ocasiones olvidan que en nuestro rico idioma español, existen diversas formas de traducir estos adverbios. En vez de “realmente” – “actually”-  se puede escribir “en realidad” y un sustituto perfecto de “notablemente” – “remarkably”- podría ser “es notable”, ¿verdad?

Error 3: equivocarse con los decimales.

Las diferentes unidades de medida que se utilizan en algunos países anglosajones han dado más de un dolor de cabeza a los científicos europeos y la forma de anotar los decimales… también. Sobra decir que los traductores científicos saben (o deberían saber) que en inglés la coma que separa a los decimales se debe convertir en un punto (y viceversa).

 Error 4: no traducir las unidades de medida.

En el hilo del error anterior: no olvidemos que en muchos países casi nadie sabe cuánto mide un pie o un acre. Una traducción del tipo “el cultivo se extiende por 1,3 millones de acres” es, claramente incorrecta. ¿La solución? Utilizar la calculadora para convertir los acres en hectáreas o metros cuadrados.

Error 5: utilizar anglicismos innecesarios.

La ciencia avanza una barbaridad, sobre todo en los últimos años. Así, es frecuente que surjan palabras técnicas en inglés que a la RAE no le da tiempo (o voluntad) para equiparar al idioma de Cervantes. De todas formas, hay anglicismos ya traducidos que, no se sabe por qué, son olvidados una y otra vez por los traductores científicos más despistados.

 

¿Se te ocurre algún error más? ¡Cuéntaselo a Okodia!