El common law: Así es su traducción jurídica

A la hora de traducir cualquier texto especializado, ya sea médico, informático o jurídico, el traductor debe conocer muy bien el campo del conocimiento al que se enfrenta. No basta con conocer uno y otro idioma perfectamente, es necesario conocer la temática del texto para poder dar sentido a la traducción.

En el campo jurídico y en la traducción jurídicas entre el groso de las lenguas del viejo continente y el inglés, en concreto, es especialmente necesario conocer las diferencias entre el ordenamiento jurídico de la lengua de partida y el ordenamiento jurídico de la cultura de la lengua de llegada.

Si bien se da el caso de que los ordenamientos jurídicos francés e italiano, o el español y el portugués, pueden ser más o menos similares, no se da ese mismo caso entre los ordenamientos jurídicos de países anglosajones, como EE.UU, Reino Unido u otros países pertenecientes a la Commonwealth, y los países cuyo ordenamiento jurídico parte del derecho romano, como ocurre en la mayoría de países europeos.

A priori, el derecho anglosajón se basa en lo que conocemos por el nombre de Common Law, es decir, la ley común, y es un ordenamiento jurídico basado en la tradición y en la costumbre, donde las sentencias judiciales tienen un peso específico a la hora de crear jurisprudencia que no tienen las sentencias de países cuyo ordenamiento jurídico se basa en el derecho romano. Los países seguidores de la tradición romana basan su jurisprudencia en la las leyes, todos los delitos y penas posibles deben estar legisladas, y si no existen en la ley escrita, se crea un vacío legal por el que pueden colarse los criminales.

Los jueces del derecho romano pueden interpretar la ley, pero nunca enmendarla, y las leyes deberán estar redactadas de la forma más unívoca posible, de modo que no pueda dar lugar a múltiples interpretaciones, aunque eso casi nunca es posible. De ahí que un conocido refrán español nos advierta de que: Hecha la ley, hecha la trampa.

En el sistema del Common Law, la costumbre y las sentencias judiciales alimentan el propio sistema jurídico. Esto hace que su ordenamiento sea mucho más dinámico y que pueda adaptarse mucho mejor a las circunstancias concretas y al devenir de los tiempos, sin necesidad de esperar a que los legisladores decidan dedicarse a sopesar nuevos delitos que engrosen nuestro código penal.

El ordenamiento jurídico del Common Law surge del uso y de la costumbre, y por eso es tan importante, como bien sabemos por las películas americanas, que los abogados sean capaces de encontrar sentencias previas favorables a su causa en casos similares a los que ahora llevan entre manos. Si en un momento dado de la historia hubo un juez que falló a favor de Hudson en el caso Hudson contra Texas, ya hay jurisprudencia que apoye un fallo actual en el mismo sentido. Todo eso, sin embargo, carece de sentido en el ordenamiento jurídico del derecho romano. Los romanos eran gente seria a quienes les gustaba dejarlo todo atado y bien atado, por escrito y para siempre jamás. Cuando se trataba de la ley, los romanos querían saber a qué poder atenerse bien fuera en la Galia o en la Jacetania, ese sistema buscaba la estabilidad legal en todo un imperio. Una ley homogénea, única, que perdurase en el tiempo a lo largo y ancho del Mediterráneo. Los anglosajones, en cambio, primaron la interpretación que los jueces hacían de la norma y la costumbre, y a partir de ahí crearon su ordenamiento jurídico, en lugar de dar prioridad a la ley escrita, como ocurre en el derecho romano.

Dicho lo cual, creo que queda claro que a la hora de traducir deberemos de andar con pies de plomo y ser muy conscientes de las diferencias entre uno y otro ordenamiento jurídico, diferencias culturales que, en este caso, podrían dar con nuestros huesos en la cárcel.