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Probemos: ¿cuál es la primera palabra que te viene a la mente si digo «Italia»? ¿Qué pasa si digo «España»? ¿Qué ocurresi digo «Alemania»? La secuencia debería ser más o menos esto: pizza, fiesta, puntualidad.  Es inútil negarlo: todos estamos influenciados por los estereotipos cuando hablamos de países que no son nuestros. Por supuesto, las ideas que hemos hecho son generales y a menudo incorrectas, pero es cierto que cada país se distingue de los demás por algunas peculiaridades.

Gestos

Considerando estos tres países, en términos de gestos y lenguaje corporal, Italia y Alemania son los dos extremos, mientras que España es el término medio. Imagínate que un amigo italiano te relata lo que hizo ayer: seguramente lo imaginas imitando los gestos que hizo durante el día o que expresan los estados de ánimo que sintió, tanto que parecerá que estuviste también ahí.

En la misma situación, probablemente un alemán podría contarte todo sentado en la mesa, sorbiendo su cerveza lentamente, sin poner demasiado énfasis en la historia.

En cambio, tu amigo español sabría cómo involucrarte con la entonación de las oraciones y acompañar sus palabras con gestos, pero sin llegar a escenificarlo tanto como el italiano.

Saludos

Entre la extrema informalidad de los españoles y la extrema formalidad de los alemanes, los italianos están en una posición intermedia en lo que a los saludos se refiere. Los italianos saben mantener las distancias correctas cuando el contexto lo requiere. En los tres países considerados, todavía hay algunas reglas no especificadas con respecto a la forma de saludar y presentarse, dependiendo del grado de formalidad de la situación y el sexo de las personas que se conocen por primera vez o se saludan.

En Alemania suele predominar el estrecharse la mano en presentaciones formales, mientras que en españa, si es entre un hombre y una mujer se permiten los dos besos.

Puntualidad

Aquí está el estereotipo típico asociado con Alemania: ¡la puntualidad! Es cierto, los alemanes son muy puntuales y precisos, no les gusta que les hagan esperar, la demora se ve como una falta de respeto.  En Italia, por ejemplo, son mucho más flexibles y se tolera un retraso de al menos 15-20 minutos. Sin embargo, los españoles son capaces de llegar a aparecer incluso una hora después de lo acordado. Siempre hay excepciones, claro, pero habitualmente suele ocurrir así.

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