Deporte y traducción pueden ir de la mano. Eso es lo que nos enseña Inés, una de las projects managers de Okodia. Y es que cuando era bien pequeña se aficionó al atletismo y con 16 años llegó a especializarse en la prueba de salto de altura. No obstante, según cuenta, siempre ha destacado en las competiciones de medio fondo y fondo, en las pruebas de 1500 m. y 3000 m. obstáculos. “No fue hasta que me fui a estudiar a Granada hasta que no me especialicé en estas carreras”.

Los desafíos de la competición

– ¿Qué es lo que más te atrae de la competición? ¿Por qué?

Me gustaba mucho competir por la sensación de los nervios, la presión… Tenía mucha capacidad de abstracción mientras corría, algo que también me gustaba un montón. Entraba como en una fase REM (pero de carrera, no de sueño jaja) y solo me centraba en correr todo lo que pudiera.

También me gustaba mucho la sensación del trabajo bien hecho. Es cierto que no siempre conseguía lo que me había propuesto, pero como siempre lo daba todo en la pista, acababa con una buena sensación.

Realmente es difícil de explicarlo… En el medio fondo y fondo hay pruebas muy duras que te exigen un nivel elevado de esfuerzo durante bastante tiempo. Cuando vas ya muy cansado aún te quedan otras 2 o 3 vueltas por dar y piensas que no vas a llegar a la meta. Se sufre mucho, pero luego la sensación de llegar a meta es muy satisfactoria. No sé si alguien que no ha hecho atletismo puede llegar a entender ese sentimiento…

– ¿Cuál ha sido el mayor desafío al que te has enfrentado durante tu carrera atlética?

Diría que los mayores desafíos han sido las mudanzas. El principal cambio fue cuando me fui a estudiar a Granada con 18 años. Quería ir sí o sí a estudiar traducción a Granada. Prioricé mis estudios y el atletismo se quedó en un segundo plano en ese momento. Una vez ya sabía que iba a empezar en la Universidad de Granada, intenté organizar cómo iba a hacer con el tema de los entrenamientos, las competiciones y demás.

Tuve mucha suerte de encontrar al que fue mi entrenador en Granada, Jesús Montiel, y a su grupo de entreno. Y también tuve suerte de acomodarme a los entrenos que nos mandaba hacer. Ese fue el mayor reto: pasar de estar entrenando principalmente para competir en salto de altura a entrenar únicamente para ser corredora de medio fondo. Los entrenos son completamente diferentes y la carga de trabajo no es comparable. Además, a todo esto se sumaba que salía de las clases de la facultad cuando mi grupo ya estaba acabando de entrenar y tuve que saber adaptarme sola. ¿Cómo? Con muchas ganas. Tenía ganas de superarme física y mentalmente, tenía ganas de competir. La ambición y la disciplina son los factores principales para superar cualquier desafío.

La traducción, una carrera de fondo

– ¿Cómo ha influido tu experiencia en el atletismo en otras áreas de tu vida, especialmente en el ámbito de la traducción? 

Ha influido muy positivamente. El deporte, no solo el atletismo, inculca valores: la disciplina, el esfuerzo, la superación, el sacrificio… Estos valores me han ayudado siempre en los estudios y en la vida en general.

La traducción es un ámbito donde te tienes que estar formando constantemente. Es casi imposible dominar a la perfección un idioma, pues ya te puedes imaginar dos o tres… Esa disciplina que te enseña el deporte es necesaria para poder ser un buen traductor.

– ¿Cómo manejabas la presión en las competiciones?

Competir era lo que más me gustaba del atletismo. Me gustaba mucho sentir esos nervios antes de salir a correr, la tensión en carrera y de soltar toda la rabia al acabar.

Yo era de las que manejaba muy bien la presión. Hay algunas carreras en las que me jugaba más y otras en las que me jugaba menos, pero yo siempre salía a darlo todo y a pasármelo bien, tal y como me enseñaron mis papis de pequeña. Al final, el atletismo era un pasatiempo divertido y sano en el que conocí a mucha gente, así que intentaba disfrutar cada carrera.

¿En qué se parece o en qué se diferencia a la presión que manejas cuando tratas con clientes de Okodia?

No es nada comparable… La única presión que se puede llegar a asemejar es cuando los clientes nos envían proyectos muy urgentes. Empieza a correr el reloj y en algunos casos sí que sientes la presión porque está todo organizado al milímetro y si falla una de las partes, falla el resto también. Sin embargo, el trato con los clientes suele ser excelente, así que no siento presión.

Una competición de altura

– ¿Hay algún atleta o entrenador que haya sido una inspiración para ti a lo largo de tu carrera?

Todos los entrenadores que he tenido han sido una inspiración para mí a lo largo de mi carrera. Germán, con el que me adentré en el atletismo; Rubén, que hizo que me picara el gusanillo del medio fondo y Jesús Montiel, que fue con el que disfruté mis últimos años competiendo a mi más alto nivel. Fue Jesús con quien me di cuenta, después de muchos años, de mi capacidad de esfuerzo, sacrificio y superación.

También tuve atletas que me inspiraron mucho en algún momento de mi vida, pero que después dejaron de hacerlo por tener relación con el dopaje… A día de hoy, los atletas que más me inspiran son aquellos que conozco personalmente y sé por todo lo que tienen que pasar para llegar a dónde están. Los atletas famosos “únicamente” me generan admiración, no me llegan a inspirar porque no conozco cómo es su camino hasta el éxito.

-¿Y algún traductor profesional? ¿Por qué?

La traductora profesional la tengo clarísima: María José Aguirre. Gracias a ella y a su traducción de Los Simpsons empecé a interesarme y a adentrarme en este mundillo.

Rumbo a los Juegos Olímpicos

– ¿Cuándo y por qué decidiste dejar de competir? ¿Cómo fue tomar esa decisión?

Hace ya unos añitos tuve un problema médico que me dejó apartada un tiempo de la actividad física en general. Cuando pude volver a calzarme las zapatillas, tenía mucha ilusión por adentrarme de nuevo en el que había sido mi pasatiempo favorito.

Conseguí superar muchos miedos y volver a competir, pero ya tenía otro tipo de responsabilidades en mente que eran incompatibles con un deporte tan exigente como el atletismo. Fue realmente difícil. No me veía capaz de dejar de lado algo que me había acompañado toda mi vida. La decisión la tenía clara desde hacía un tiempo, pero me costó mucho verbalizarla. Ahora, después de algo más de 1 año de ese momento, ya estoy adaptada a mi “nueva” vida. Voy al gimnasio unos 3-4 días a la semana (o al menos lo intento) y sí que aprovecho los días soleados para recorrer de nuevo los paseos por los que tanto entrené.

– Aún así, este año vas a ver los Juegos Olímpicos, ¿cómo surgió esta oportunidad?

¡Sí! Me hace mucha ilusión poder ir a los Juegos y poder vivirlo desde dentro.

¿Que cómo surgió? Pues como surgen la mayoría de los planes con mis amigas… Le comenté a mi amiga Merche que me haría ilusión ir y ella me dijo que también, así que según salieron las entradas a la venta, nos las compramos y ya no había vuelta atrás, jaja.

Me hacía especial ilusión ir cuando era más pequeña porque tenía una apuesta con mi tío Rober de que cuando yo fuera a competir a los Juegos, él vendría a verme. Como a todo deportista, me gustaría haber cumplido esa promesa, pero no ha podido ser…

Estoy segura de que lo disfrutaré un montón igualmente, aunque sea desde la barrera. Además, tengo el aliciente de que probablemente compitan varios amigos míos y será algo muy, muy emocionante.

– ¿Y ahora que no compites te planteas algún reto a nivel deportivo o de cualquier otro tipo? ¿Cuál?

A los retos deportivos les he cerrado la puerta por un tiempo… Alguna carrera popular correré este año con mis amigas, para recordar viejos tiempos, pero por ahora solo hago deporte para mantenerme sana.

Ahora que tengo más tiempo libre, estoy probando las cosas que siempre quise y que no pude: quiero aprender varios idiomas, me apunté a clases de pintura, me gustaría aprender patronaje y costura… Estoy segura de que encontraré mil cosas para mantenerme ocupada y, quien sabe, quizás en unos años me vuelve a picar el gusanillo de competir… ¡Lo descubriremos!

Rocío González

Autor Rocío González

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