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Hace unos días preguntábamos en nuestro perfil de Twitter y de Facebook sobre qué temas podíamos tratar en nuestro blog, y Patricia en Facebook nos preguntaba cuál era la diferencia entre una traducción jurada y una traducción general. Como ella, alguna vez nos hemos encontrado con clientes que al solicitar un servicio de traducción han tenido dudas en si necesitaban una traducción jurada, una traducción jurídica o una traducción «de otro tipo«.

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Tratemos de simplificarlo con el ejemplo de un contrato. El caso más sencillo sería si tú y yo queremos llegar a un acuerdo sobre algo y, para dejar constancia realizamos un «contrato» con terminología llana (es lo que sería una traducción general, si tuviéramos que traducirlo). En cambio, si se trata de un contrato «formal» dispondrá de terminología jurídica (especialidad jurídica) y es lo que sería una traducción especializada o, en este caso, una traducción jurídica. Finalmente, si fuese necesario escriturar o dar fe pública de este contrato sería necesaria la presencia de un notario (y su equivalente sería una traducción jurada). En este sentido, la traducción de un texto con terminología general sería una traducción general; la traducción de un texto con terminología específica de un ámbito sería una traducción especializada y, si la especialización o la terminología es jurídica, la traducción será jurídica.

¿Qué es, por tanto, una traducción jurada? Una traducción jurada no es ni más ni menos que una traducción certificada, sellada y firmada por un traductor jurado. Estos traductores tienen, a efectos de equivalencia, una validez similar que un notario, es decir, un traductor jurado da fe de la veracidad de la traducción que está firmando. En España, es el Ministerio de Asuntos Exteriores quien nombra mediante examen o mediante convalidación por estudios universitarios a los traductores jurados (en Cataluña, para catalán, lo realiza la Generalitat de Catalunya). Un traductor jurado, pues, realiza una traducción y, para darle la validez jurada necesaria, imprime la traducción, generalmente, en papel timbrado (se aconseja también adjuntar una copia del texto original que ha traducido), adjunta un certificado de traducción jurada donde da fe de la veracidad de la traducción, y la firma y sella con su sello personal. Todos estos datos de obligatorio cumplimiento para los traductores jurados se pueden consultar en la página web del MAE. Por otro lado, la necesidad o no de una traducción jurada viene marcada por el fin último de la traducción. Suele ser necesaria para convalidar títulos universitarios u otros en países donde es necesaria una traducción, o para legitimar la traducción de un contrato de trabajo internacional, o para la realización de una escritura de compraventa de un inmueble en otro idioma. Las traducciones juradas suelen realizarse a partir de documentos finales, es decir, a partir de un título universitario ya expedido o un contrato o escritura ya firmados entre las partes, ya que el traductor jurado indica dónde aparecen sellos o firmas en el original. Estas traducciones juradas suelen ser solicitadas por la Administración o por entidades u organismos para la realización de trámites legales, son más caras que las traducciones no juradas debido a la carga de responsabilidad que implican, y solamente pueden entregarse en formato físico (papel) debido a la necesidad de certificarlas, sellarlas y firmarlas.

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