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¿En qué se diferencia una traducción jurada de otra no jurada?, ¿existe realmente alguna diferencia? La principal diferencia que cualquiera puede apreciar a simple vista es que la traducción jurada está firmada y sellada por el traductor, quien jura haber realizado una traducción fiel y completa del original. Aparte de la firma, el sello y el juramento, yo diría que no debe diferenciarse de cualquier otra traducción, ya que cualquiera de ellas, sea jurada o no, debe realizarse con toda la precisión, fidelidad y corrección posibles. Sin embargo, sí que es cierto que el propósito del texto original condiciona, como en cualquier traducción, las decisiones que vayamos a tomar conforme vamos traduciendo. Y puesto que los textos originales que normalmente deben traducirse de manera jurada suelen tener una función legal o administrativa, resulta que las traducciones juradas suelen atender a un procedimiento común específico. Pero no por ser o no juradas, sino por la naturaleza de los textos que se traducen en esta modalidad. Una de las características de las traducciones juradas suele ser la literalidad. Muchos traductores jurados desaconsejan hacer uso de las adaptaciones y ser lo más literal posible dentro de la corrección lingüística. Esto que parece tan simple, puesto en práctica, no deja de suscitar sus dudas. Si estoy traduciendo un certificado de penales, me encuentro con que este es un documento administrativo que tiene su propio formato en cada uno de los países donde se expide. Puede ser un formato similar, pero por supuesto no es exacto. ¿Debo adaptar el formato original al formato de la lengua de destino? Al fin y al cabo, lo que se jura es que la traducción es fiel y completa, de modo que lo importante es que figure toda la información y que el sentido y el propósito sean los mismos. ¿Importa entonces el orden exacto en que dicha información está distribuida?, ¿deben adaptarse las fórmulas escritas con que se expresa dicha información si el significado y propósito de la traducción son los mismos que los del original? ¿Hasta qué punto hemos de hacer alarde de la literalidad? Mi opinión es que lo importante es traducir fiel y completamente la información del original, pero esa fidelidad no debe hacernos perder de vista el quid de la traducción, y es que traducimos a OTRO idioma. Una vez asistí a una charla sobre traducción impartida por D. Eduardo Mendoza, y recuerdo muchas de sus frases, pero hubo algo que me pareció especialmente importante: “Cuando comprendáis que estáis traduciendo a otro idioma, ya no tendréis ninguna dificultad”. Y es cierto, ¿por qué intentar forzar expresiones y estructuras extranjeras apelando a la literalidad cuando existen otras con plena validez y tradición en nuestro propio idioma?

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