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Ya sabemos todos que no es lo mismo traducir un contrato de alquiler que el manual de instrucciones para el manejo de una prensadora industrial. Los propósitos de uno y de otro texto son bien distintos, y por eso sus traducciones han de plantearse de forma distinta. Ya hemos hablado en este mismo blog sobre las algunas peculiaridades de las traducciones jurídicas, y en esta ocasión me gustaría hablar de las particularidades de las traducciones de textos publicitarios. Los textos publicitarios son especiales porque presentan una gran densidad de información en un espacio muy breve. El vendedor dispone de poco tiempo y de poco espacio para presentar sus productos, porque el tiempo y el espacio de la publicidad son caros, y ese breve tiempo y escaso espacio deben ser suficientes para atraer a su posible cliente. Los textos deben ser densos, sí, porque queremos dar la mayor información posible, pero deben ser también atractivos, no parecer pesados ni abrumadores, y para que ambas condiciones se den en un mismo texto, es imprescindible que estos se redacten con atención, con mucho amor y, sobre todo, por un profesional que sepa utilizar el idioma con propiedad y que tenga cierto talento para la comunicación verbal. Si el redactor de textos publicitarios debe reunir las habilidades lingüísticas mencionadas, el traductor que maneje esos textos no debe ser menos, es más, debe reunir esas cualidad y más aún, porque debe conocer la sensibilidad lingüística del mercado de origen y la del mercado de destino, para poder realizar la adaptación del texto al idioma deseado. Está claro que el lenguaje publicitario tiene resortes muy concretos y característicos en cada idioma y en cada cultura concreta, y el traductor de esos textos debe conocerlos si no quiere que sus traducciones resulten hilarantes, pues la publicidad es un lenguaje muy directo donde los defectos se ven con lupa. En un documento de 300 páginas, es fácil enmascarar un fallo, pero en un mensaje de cuatro líneas, es muy difícil que el error más nimio llegue a pasar inadvertido. Por eso los textos comerciales SIEMPRE se revisan, y no una sino al menos dos y tres veces por distintas personas, porque es fundamental asegurarnos de que ese mensaje será percibido por el cliente final de forma natural, de que el lenguaje no supondrá un obstáculo a la hora de atraer a nuestro cliente, sino que será el gancho que nos acerque más a él. Porque las palabras clave de este tipo de texto son naturalidad, cercanía, atractivo, originalidad… Porque cuando vendemos, vendemos también lo que somos, y debemos ser más auténticos que nunca, nuestros textos deben ser auténticos, si se trasluce que la traducción es una copia, una adaptación, un refrito, un falso original, el resultado será un fracaso, la autenticidad es en este tipo de textos lo más importante, porque si no es auténtico, ¿cómo va a querer nadie comprar lo que vendemos?

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