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No acabo de decidirme. No sé qué defender. En realidad, sí que lo sé, lo tengo clarísimo y desde “la primera vez” que no he mirado atrás, como lo que se supone que te pasa cuando pruebas… Vaya, lo que pasa cuando te comes un bocata con el pan con tomate: sabes que a partir de aquel momento los desayunos serán mucho más alegres. Pero no estoy segura de que sea lo que se espera que piense. Al principio te sorprende, te choca, es diferente. Puede incluso que dudes, que no tengas muy claro si “te gusta”, que no te convenza del todo. Estás en tensión. Pero luego, poco a poco, le vas encontrando un algo, te va enganchando y lo vas integrando en tu vida, de tal modo que llega un día en el que ya no concibes tu vida sin ella. No hablo de la cerveza, aunque el ejemplo aplicaría igual. Hablo de la versión original (subtitulada o no). Digo que no estoy segura de si esto es lo que se supone que debería pensar, porque pienso en mi gremio, el de la traducción, y en la mano que me da de comer, la del doblaje. Aunque también he subtitulado películas, para el caso. Pero recuerdo que cuando estaba estudiando la carrera ya tuve ese dilema: siempre, si conozco la lengua original en la que se ha escrito el texto, elegiré leer un libro en ese idioma. En cambio, debo defender que la traducción, si está bien hecha, permitirá que me lleve la misma experiencia que me hubiera producido el original. Ahora bien, lo que en los libros puedo llegar a aceptar con un cierto grado de satisfacción, me chirría soberanamente en el soporte audiovisual. Ya no puedo ver películas o series dobladas, con perdón del grandísimo Clint Eastwood castizo, que en paz descanse. La subtitulación, campo en el que el intrusismo profesional campa a sus anchas, no resuelve el problema, pero al menos no me molesta tanto como algunos doblajes que he llegado a oír en España. No digo que no se haga bien el trabajo, no es nada fácil reproducir la atmósfera del diálogo original y hacerlo coincidir con la secuencia de imágenes… pero ya lo decía Alejandro, no es lo mismo. No sé si estoy tirando piedras contra mi propio tejado, pero creo que si me preguntan, voy a recomendar la V.O.S. La primera vez puede doler, pero luego lo disfrutas al máximo. Y así mejoraría, al menos, el nivel de conocimiento pasivo de lenguas extranjeras del país, si no el conocimiento de inglés en general. Saldríamos del caparazón. Y viviríamos todos una experiencia mucho más genuina.

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