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La costa española en verano es la viva estampa de la fraternidad europea. Si alguien cree que Europa no existe, que venga a Coín y lo vea. Y desde que hemos puesto de moda el turismo rural y los deportes de aventura en las zonas de montaña, ya no sólo la playa es patrimonio de los europeos veraneantes, sino que toda la piel de toro es un bullir de culturas. Hay que decir que esto a veces nos viene grande, pero los españoles somos gente pertinaz y nos ponemos a lo que haga falta, por eso vemos muchas veces que los comercios y establecimientos hosteleros de las zonas turísticas cuelgan en sus puertas carteles del tipo: “we speak in English here”, “Hier spricht man Deutsch” o el conocidísimo “Nous parlons français”. Sin duda, es un reclamo genial, porque el turista que viene a pasar aquí quince días de sus vacaciones, no tiene por qué saber español, y si nosotros podemos ofrecerle nuestro producto en su propio idioma materno, nos aseguramos un plus infalible que nos diferencia de nuestros competidores. Eso sí, el peligro está en que lo prometido es deuda. Si atraemos a nuestra clientela con falsas promesas, pronto nuestro reclamo se volverá en nuestra contra, y estaremos intentando dar un servicio que en realidad no podemos ofrecer. La idea, sin embargo, es excelente, y si no podemos encontrar empleados políglotas que trabajen en nuestro comercio, lo más sensato será buscar traductores que traduzcan al idioma materno de nuestros clientes los folletos y catálogos que contienen los productos que queremos ofrecerles. En esos catálogos podemos incluir información muy detallada sobre nuestros servicios, redactada con propiedad, que transmita a nuestros clientes la sensación de que somos un negocio serio, que se toma en serio a sus clientes y que quiere dirigirse a ellos con la mayor consideración y respeto. Si en vez de eso, les presentamos catálogos confeccionados por un primo lejano que una vez estuvo trabajando un mes en un restaurante de comida rápida de Düsselfdorf, o por la vecina que una vez trabajó como au-pair en Dublín, es muy probable que las traducciones no tengan una calidad suficiente, que contengan errores y que la impresión que demos a nuestros clientes sea de un lugar en el que las cosas se hacen con prisas y de cualquier manera. Si queremos dar una imagen de profesionalidad, debemos comunicarnos con ellos de manera profesional y ofrecerles la información sobre nuestros productos y servicios en un formato apropiado, con un texto de calidad, sin incorrecciones, bien redactado y donde se transmita el buen hacer de nuestro negocio. De modo que ahora que nuestras empresas tienen la oportunidad de captar nuevos clientes venidos de fuera, no la desperdiciemos, e intentemos dirigirnos a ellos en su propio idioma con total corrección, para poder transmitir la cercanía y profesionalidad de la que hacemos gala, y así poder esperar a que en sus próximas vacaciones vuelvan.

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